David Castillo Aguirre

En este primer mes del año, el sistema de justicia se ha visto —para sorpresa de nadie— envuelto en un nuevo escándalo de corrupción. Esta vez en la persona del, hasta ahora, Presidente del Consejo de la Judicatura. Mientras enfrenta un dilatado juicio político, Mario Godoy parece aferrarse a su cargo a pesar de los múltiples pedidos de su renuncia. Su figura se desgasta mientras, día tras día, la justicia pierde prestigio y credibilidad.
En este contexto me pregunto: ¿cómo seguir enseñando Derecho cuando la justicia de nuestro país luce tan desalentadora? No es fácil, pero la buena noticia es que, como en toda historia, existe otro lado de la moneda.
El ahora exjuez anticorrupción, Carlos Serrano, ha demostrado que, a pesar de todo, todavía se puede ser ético. Serrano denunció y visibilizó actos de corrupción. Las autoridades, que debían respaldarlo, le dieron la espalda. Eso lo llevó a renunciar e irse: «con la frente en alto y el corazón desecho».
A pesar de todo este infierno, el exmagistrado ha sido reconocido por la comunidad jurídica por su valentía. No sé si esto sirva como algún tipo de consuelo, pero, para quienes enseñamos Derecho, Serrano simboliza esperanza. Este país necesita más abogados como él y nosotros tenemos el deber de educarlos y guiarlos hacia ese objetivo.
En el mundo al revés los abogados éticos renuncian a sus cargos y dejan sus cargos como jueces. En el mundo al revés, quienes denuncian actos de corrupción son perseguidos y acusados. En el mundo al revés, los abogados vinculados con actos de corrupción dirigen el sistema de justicia.
David M. Castillo Aguirre es abogado por la Universidad Hemisferios. Especialista Superior y Magíster en Derechos Humanos por la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Candidato a doctor en Derecho (PhD) por la Universidad Austral de Buenos Aires, Argentina. Director de la carrera de Derecho y profesor investigador en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Relaciones Internacionales de la Universidad Hemisferios.