Niñez, datos sensibles e inteligencia artificial en la justicia

Msc. María Isabel Tobar Subía Contento

La incorporación de la inteligencia artificial en el ámbito judicial promete eficiencia y agilidad en la gestión de expedientes, pero plantea serios dilemas en torno a la protección de la niñez. Los algoritmos que procesan información judicial pueden acceder a datos altamente sensibles como historiales médicos, psicológicos o sociales de niñas, niños y adolescentes. Este nuevo escenario amplifica los riesgos de vulnerar la privacidad infantil, pues los sistemas automatizados operan a una escala y velocidad que escapan al control humano tradicional.

Entre los principales problemas destacan el consentimiento y la seguridad. Los menores no pueden decidir sobre el uso de sus datos, y los representantes legales muchas veces desconocen los alcances tecnológicos de la IA.

Además, la concentración de información en bases de datos digitales aumenta el riesgo de filtraciones o ciberataques, con consecuencias potencialmente graves como la estigmatización o incluso amenazas a la integridad física de los niños.

A ello se suma la discriminación algorítmica: los sesgos presentes en los registros judiciales pueden ser replicados por las máquinas generando decisiones injustas o prejuiciosas.

La solución no radica en rechazar la IA, sino en regular su uso con enfoque de derechos de la niñez.

Es indispensable anonimizar la información, mantener el control judicial humano sobre las decisiones, auditar los algoritmos y abrir el debate público con la participación de la sociedad civil, la academia y las organizaciones de protección infantil.

Solo así la justicia podrá modernizarse sin sacrificar la privacidad, dignidad y seguridad de quienes deben ser su mayor prioridad: los niños y niñas.

Y aquí conviene hacerse una pregunta sencilla pero poderosa: ¿de qué sirve una justicia veloz si pierde su humanidad en el proceso? La inteligencia artificial puede ayudar a los jueces a leer más rápido, pero nunca debería enseñarles a sentir menos. Tal vez el verdadero desafío no sea hacer que las máquinas piensen como humanos, sino lograr que los humanos no deleguen su empatía a las máquinas. En todo caso, antes de confiarle nuestros expedientes a un algoritmo, habría que preguntarle algo muy básico: ¿y tú, robot, sabes lo que es tener infancia?


  1. María Isabel Tobar Subía Contento es abogada graduada de la Universidad Central del Ecuador. Posee una Maestría en Integración con mención en Política Exterior por la Universidad Andina Simón Bolívar, y una Maestría en Derechos Humanos, Sistemas de Protección, por la Universidad de La Rioja (España). Actualmente cursa una Maestría en Derecho Procesal en la Universidad Bolivariana del Ecuador (UBE).
  2. Se desempeña como jueza en la Unidad Judicial de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia del cantón Ibarra, en la provincia de Imbabura. Además, es docente de pregrado y posgrado en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, sede Ibarra.
  3. Ha participado como ponente y expositora en diversos cursos, congresos y seminarios nacionales e internacionales. Es autora de múltiples artículos científicos vinculados a los derechos humanos y el derecho familiar. Su compromiso social se evidencia también en su labor como activista en derechos humanos, con énfasis en la defensa y visibilización de personas que padecen enfermedades raras, huérfanas y catastróficas, a quienes representa a través de espacios de vocería y sensibilización.

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